abril 13, 2021

16 de diciembre 2016

Día con día vamos construyendo nuestro porvenir,  día con día,  consciente o inconscientemente decidimos un camino que nos hará más o menos plenos.  Cuando empecé el camino dentro de los proyectos de Desarrollo Humano descubrí muchas cosas de mi mismo, algunas que me

Día con día vamos construyendo nuestro porvenir,  día con día,  consciente o inconscientemente decidimos un camino que nos hará más o menos plenos. 

Cuando empecé el camino dentro de los proyectos de Desarrollo Humano descubrí muchas cosas de mi mismo, algunas que me asustaban,  en el momento no comprendí la importancia de entender esa parte de mi,  así que la oculte,  empecé a querer proyectar desde mi imagen en lugar de buscar proyectar desde mi Ser, y me funcionó,  al menos por un tiempo.

Después de ese éxito inicial comenzaron los problemas,  mi imagen no podía,  por muy hábil o torpe que fuera en manejarla,  mantenerse ante mis errores,  me empezó a generar culpa,  y junto con la culpa siempre viene el auto castigo,  ese pequeño tirano que todos llevamos dentro, mi Juez Interior, empezó a recordar cada error que cometía,  insistiendo en lo ineficaz que era mi esfuerzo.

Con el paso del tiempo empecé a escuchar un ruido que llegaba de más allá de los gritos de ese Juez Interior,  y empecé a descubrir la voz de mi verdadero Ser,  de esa parte que no peleaba con mis carencias o defectos,  que los entendía y que podía ser Autocompasión,  y entonces las cosas comenzaron a cambiar,  mientras más me permitía escuchar esa voz,  la voz de mi Ser,  más podía proyectar desde mi verdadero Ser, y lo mejor es que esa voz si lograba mantenerse por encima de mis errores y carencias.

Inclusive,  al poder aceptar esas carencias, empecé a encontrar modos de convertirlas en fortalezas.

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