abril 13, 2021

14 de Febrero 2017

El problema del orgullo es que no nos permite ver claro, nos pone en un ladrillo de donde difícilmente podemos bajar si no es porque alguien nos tira.

Entiendo que su función es buscar que nos superemos, pero, cuando permitimos que el orgullo se convierta en un sentimiento mesiánico hace que dejemos de ver nuestros verdaderos resultados, hace que nos creamos más grandes de lo que somos y terminamos, como se dice coloquialmente,  «escupiendo para el cielo» y eso, invariablemente, nos terminara salpicando a nosotros.

Se que debo cuidar el daño que mi orgullo puede provocar en los proyectos que hay en mi vida, así como también se el daño que puede provocar el infravalorarme; encontrar ese equilibrio nunca me ha resultado fácil, de hecho en muchas áreas de mi vida aun no lo encuentro, pero creo que la experiencia ayuda, creo que años y años en un área obteniendo un cierto resultado positivo en tu vida te puede ayudar a encontrar ese equilibrio.

Es una fórmula sencilla, si llevo apenas 3 años de matrimonio aparentemente exitoso, no puedo pretender que se hacerlo mejor que mi hermano que lleva más de 10; de la misma forma que si llevo 10 años dando entrenamientos, de manera medianamente exitosa,  seria absurdo de mi parte tomarme en serio que alguien que lleva tan sólo un par de años haciéndolo diga que jamás podré alcanzar su nivel de éxito.

Como dije al principio, el orgullo muchas veces no nos permite ver claro, y muchas veces nos hace creernos un mesías o un pendejo…

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