abril 16, 2021

3. La Respiración: Dejarse Respirar

Análisis capítulo por capítulo del libro Un Cerezo en el Balcón de Laia Monserrat

El tronco de mi cerezo está cuajado de lenticelas horizontales, pequeñas y sutiles. Mi árbol respira por sus estomas y también por su tronco… y por sus raíces. Es como yo. Respiro por mi nariz, respiro por todos los poros de mi piel.

Todo en el mundo es un ciclo eterno de la respiración. ¡Cada una de nuestras células intercambia con el exterior a través de la respiración! y con este cíclo constante nos lleva de nueva vida con cada inhalación, por eso es que la respiración se ha convertido en un signo de unión, como lo es en el yoga, porque todo, tanto lo interno como lo externo, está unido por ese ciclo eterno.

Cuando le pedimos a alguien que observe su respiración ocurre un curioso fenómeno. La persona suele realizar una profunda inspiración, como si el aire le hubiese faltado hasta ese momento, y luego intenta controlar el ritmo de su respiración para adaptarlo a lo que cree ser «la buena forma de respirar»

Existen muchos ejercicios de respiración. Cada uno de ellos está adaptado a ciertas circunstancias, a necesidades más mundanas o espirituales […] encontramos una amplia gama de posibilidades. Durante el ejercicio de la meditación Zen se deben olvidar todos los ejercicios de respiración aprendidos, todas las técnicas. Lo único que nos interesa es dejarnos respirar.

El centro de la meditación Zen es la respiración, aquella que es natural, sin buscar controlarla de formas ajenas a lo que es nuestra particular naturaleza; se trata de dejarnos guiar por nuestra naturaleza, de dejar que La Vida nos respire, se trata de soltar todo lo que tenemos pre-aprendido sobre cómo debería ser la respiración y simplemente centrarnos en ella, en como inhalamos y exhalamos dejando nuestra respiración fluir. Es atreverse a dar y recibir. Es darse sin límites en un gesto de amor.

Pero lograr esto no es fácil, porque cada inseguridad y temor que vamos arrastrando nos lleva a cerrar nuestra respiración en lugar de dejarla fluir, trata de hacerlo, siéntate manteniendo la postura que estuvimos viendo en nuestra entrada anterior, y cierra tus ojos, comienza a respirar y date cuenta cómo el simple hecho de centrarte en tu respiración hace que se altere tu mente, llenandola de pensamientos y justificaciones para perder la concentración, no lo combatas, simplemente trata de regresar tu atención a tu respiración, a hacerte consciente de ella.

Para poder realizar este ejercicio, si es mucho el ruido que mete tu mente y no logras concentrarte en como entra y sale el aire de tus pulmones, centrarte en tus costillas, en ver como se expanden y se contraen. Piensa que la respiración es algo que te llega desde lejos, que te atraviesa y que regresa de nuevo al exterior, se aleja. Como una ola que te atraviesa. Tu te abres para dejarla ir y para dejarla penetrar en ti. Siente el placer de dejarte respirar.

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