abril 16, 2021
Cuando te permites entrar en "el silencio" te unes al todo, todo a tu rededor sigue igual, los coches siguen pasando, los niños jugando, la gente hablando, pero al mismo tiempo dentro de ti todo desaparece porque nuestro silencio es más potente y se impone sin dificultad invadiéndolo todo.

Disfruto de su silencio y su quietud. Estación tras estación, día tras día, noche tras noche. Horas y minutos se suceden y él permanece impasible, mostrando en todo momento su ser, su misma esencia. Derramando destellos verdes. En otoño, dejando ir sus hojas, secas. En primavera despuntando otras nuevas.

Cuando te permites entrar en «el silencio» te unes al todo, todo a tu rededor sigue igual, los coches siguen pasando, los niños jugando, la gente hablando, pero al mismo tiempo dentro de ti todo desaparece porque nuestro silencio es más potente y se impone sin dificultad invadiéndolo todo.

El silencio es imprescindible cuando meditas porque no hay nada tan básico como callar. Algo que parece ser tan difícil en estos tiempos en que se escuchan muchas conversaciones y bullicio, pero realmente son pocos los que se comunican. Nuestra forma de comunicarnos es tan rica que hay estudios que comprueban que la menor parte de los mensajes que transmitimos es por medio oral, la mayor parte de nuestra comunicación se da por medios no verbales, nuestra plática, el ruido, es tan sólo una pequeña parte de este proceso y aún de la parte de la comunicación verbal mucho no depende de nosotros siempre, como la entonación, el volumen, la cadencia, etc., que son elementos que dependen mucho de nuestra emoción.

El silencio es una primera regla de higiene mental, es necesario practicar el aprender a no hablar, primero hacia afuera, hacia lo exterior, y después de eso lograr controlar el no hablar hacia dentro, ese discurso constante que está en nuestro interior; como diría el dicho popular «si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada».

Nuestros pensamientos son repetitivos, muchas veces obsesivos sin que nos lleven a ninguna solución, algunos de esos pensamientos son positivos y necesarios pero está demostrado que nuestro pensamiento es menos racional y lógico de lo que solemos creer y trabaja más con respecto a ciclos y bucles emocionales.

Tanto si tu razonamiento solo te lleva a ver la parte negativa o solo te permite ver la parte positiva es que no estás viendo la realidad; del mismo modo si tu pensamiento se repite una y otra vez es que estás en un bucle de pensamiento o si tus pensamientos te bombardean es que has perdido el control de él. Los momentos en que se logra este sutil equilibrio entre el callar y el hablar justo, entre el pensar «útil» y el reposo mental, son tan gratificantes que se busca contantemente el modo de poder tener más. Realmente, cuando la mente se calma, cuando la charla interior se detiene, la sensación de paz y plenitud es intensa.

Un día que pases por el lugar más bullicioso de la ciudad intenta encontrar un lugar donde poderte sentar y céntrate en ti, imaginando que todo a tu rededor es un gran torbellino ruidoso pero tu estas en el ojo de ese torbellino, a tu rededor todo se mueve, pero tu estás centrado, trata de sentir la serenidad de verlo todo como un espectador ajeno a ese torbellino y trata de encontrar el Silencio detrás de todo ese torbellino y déjate envolver por él.

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