abril 16, 2021

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Las relaciones de pareja bien se podrían comparar con el ir a la zapatería para escoger…

Las relaciones de pareja bien se podrían comparar con el ir a la zapatería para escoger… cuando uno ha terminado de gastar unos zapatos, que ya no le quedan, o que están demasiado maltratados lo normal es ir a la zapatería, y ahí, entre anaqueles llenos de diferentes modelos nos ponemos a escoger aquellos que son mas de nuestro estilo, aquellos que se nos hacen mas bonitos, finalmente encontramos unos que parecen adecuados, se ven bonitos, cómodos, agradables a la vista, entonces pasamos dentro de la zapatería y le pedimos a una de las encargadas que nos los permitan para calzarlos y ver que tal nos quedan; muchas veces son zapatos tan bonitos, pero una vez que los vemos en nuestros pies nos damos cuenta que en realidad no son del estilo que nos gusta usar, otras veces si son del estilo, sin embargo hay algo en su forma que no nos termina de convencer, o nos aprieta demasiado el talón, o tal vez los dedos, así pues vamos pasando de un modelo a otro, de un estilo a otro, buscando aquel zapato que nos calce a la perfección y que cumpla todas nuestras necesidades.

Del mismo modo empezamos nuestra juventud calzándonos parejas, viendo prospectos de entre nuestro grupo de amigos, de nuestra escuela, de nuestro trabajo, a veces encontramos algunos que parecen ser la “pareja ideal” pero una vez que los “calzamos” vemos que en realidad no es nuestro tipo, o que es demasiado posesivo(a), demasiado celoso(a), o simplemente no nos termina de convencer por una u otra razón.

Finalmente en la zapatería encontramos unos zapatos que nos encantan, que nos calzan perfecto, que no nos lastiman, que nos gusta su vista y como nos vemos con el, decidimos comprarlos y al llegar a casa nos los ponemos, pero al principio no es tan cómodo como parecían en un principio, hay que esperar que la piel se afloje un poco, y los usamos unos cuantos días, a veces a ratos, a veces dejando que nos incomoden un poco, pero al final terminan quedandonos perfectos, y efectivamente son los “zapatos perfectos” para nosotros.

En las relaciones el momento de “comprar” llega cuando decidimos formalizar la relación, cuando decidimos contraer matrimonio, ya sea legal o simbolicamente, en ese momento es como si compráramos ese par de zapatos que nos dejo satisfechos en la zapatería, sin embargo una vez que comienza la vida en pareja con esa persona descubrimos que hay cosas del otro que nos incomodan, tal vez no deja la pasta de dientes tapada como nosotros, tal vez le gusta guardar la mayonesa en el refrigerador en vez de la alacena, o es muy caluroso(a) y le gusta dormir destapado(a) mientras uno duerme siempre tapado(a) por ser friolento(a), esas pequeñas cosas es “la horma” del zapato, es el proceso de adaptación de la pareja, el periodo en el que estamos esperando que la piel del zapato se aguade un poco para que deje de ser incomodo, sin embargo, hay que tener siempre presente que en una relación de pareja, nosotros mismos somos también los “zapatos” del otro, y también él o ella está esperando que se vaya aguadando un poco la piel, así pues hay que aprender a ceder y no ser rígidos e inflexibles; este proceso es un cambio completo en la forma de vida de la pareja, un cambio que muchas veces resulta complicado, con alegrías y tristezas, con momentos de dicha, con momentos de enojo, es la compenetración de la pareja en un solo núcleo, en un solo hogar…

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