abril 14, 2021
En este capítulo reflexionamos sobre aquello de lo que tenemos control y aquello de lo que no lo tenemos y sobre el papel que jugamos en nuestros sueños.

No hay nada más que hacer que vivir el momento presente con plenitud

Sí nos permitimos perdernos en el flujo de nuestros pensamientos diarios, de nuestras pasiones y recuerdos nos perdemos el instante presente y con ello perdemos la oportunidad de vivir en el Aquí y en el Ahora, volviéndonos tan solo espectadores de nuestra historia en lugar de ser sus verdaderos protagonistas.

La vida se expresa de mil y un formas. Late, susurra, empuja, rechina, frena, ría, acelera. Cada momento es único. Nada es nuevo.

Hace un mes, al regresar de un bonito paseo por la montaña, me dieron una mala noticia. Mi amiga Brigette había muerto en el transcurso de la tarde. Sentí un pinchazo de dolor y recordé que mientras paseaba por esos bellos paisajes, de repente me había detenido y había gritado con todas mis fuerzas, liberando una gran energía. Ahora comprendía el por qué de mi grito. Ella se había ido.

Cuando un ser querido atraviesa el bardo para dejar este mundo nuestra naturaleza nos lleva a recordar cada momento vivido con esa persona, cada risa y cada lagrima compartida, haciéndonos muchas veces preguntarnos si estamos viviendo en el presente o en el pasado. El Zen nos habla de vivir en el instante presente, sin embargo, cuando observamos realmente nuestros pensamientos y emociones, nos damos cuenta que muchas veces nos anclamos al pasado o nos proyectamos al futuro. Una y otra vez, lo que ocurrió viene a nuestra memoria. Una y otra vez, nuestras previsiones para el futuro se forman en nuestra mente.

Este funcionamiento se convierte muchas veces en un problema, ya que nos lleva a la angustia ya que tendemos a querer reinterpretar los acontecimientos pasados, cambiándolos para encontrarles un nuevo sentido; esto hace que revivamos junto con ellos las emociones que nos hicieron vivir cuando ocurrieron, aumentando nuestro sufrimiento emocional. Cada vez que nuestra memoria recupera el registro de un acontecimiento, todas las conexiones neuronales asociadas a dicho registro se activa; y cada vez que esto sucede, el camino se refuerza.

Hay que aclarar que vivir el instante presente no es sinónimo de querer suprimir los recuerdos, estos son un mecanismo de supervivencia, de lo que se trata es de buscar aprovechar esos recuerdos, pero anclándonos en el momento que estamos viviendo, en lugar de dejarnos llevar por las mareas del pasado.

De igual manera sucede con el futuro, es sano y necesario tener objetivos, pero cuando nos dejamos llevar y estamos solamente pensando en el futuro la angustia de lo que puede pasar, la expectativa que buscamos cumplir y los posibles obstáculos que tendremos que enfrentar nos llevan a un estrés emocional que nos puede inclusive llegar a paralizar.

Tener objetivos es importante, ya que es lo que le da sentido a la vida. El tema del sentido de la vida es, a mi entender, una navaja de doble filo ya que esa necesidad de buscar realizar una Misión de Vida puede llevar a mucha ansiedad y desesperación cuando las cosas no se dan como esperamos, sin embargo quien no tiene objetivos no da una dirección a su energía y siente en un momento dado que sus fuerzas se han dispersado y que su vida no tiene sentido.

Todo camino hacia la realización para por aceptar que la Vida es mucho más amplia que nuestra limitada visión. Es esta parte la que nos permite realmente tener una Misión de Vida, cuando aceptamos nuestra insignificancia nos permite realmente centrarnos en nuestro Ser, no en nuestro Ego, y con ello podemos crear, porque no se trata de que logremos todo, se trata de aceptar que avanzamos hacia un fin en el que muchos otros también están trabajando.

Cuando nos ubicamos en el Presente de esta manera, no hay temor, no hay expectativas, tan sólo el deseo de dar lo mejor de nosotros en el momento, a sabiendas de que las cosas se darán o no y que nosotros tan sólo somos un punto más en el entramado de este presente que estamos viviendo.

Como el buen jardinero, plantamos las mejores semillas, las abonamos de forma cuidadosa, las regamos con esmero…; y el proceso se realiza en la oscuridad de la tierra, lejos de nuestra vista. Pero un día, la tierra se agrieta y una plantita surge, es el milagro de la existencia.

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