abril 13, 2021
En esta entrada reflexionamos sobre la importancia y el rol que lleva un maestro en la práctica del Zen.

Aprender a podar mi árbol es aprender a entrar en comunión con él, con sus necesidades profundas. Más allá de mis deseos, más allá de mí mismo. Es ponerme a su disposición, plenamente, en cuerpo y alma para él.

Del mismo modo que un maestro o maestra nos enseño en la infancia el arte de leer y escribir, hay personas que nos enseñan a meditar y conocer nuestro mundo interior. Un maestro es un guía, alguien que conoce el lenguaje para poder transmitir el conocimiento necesario para hacernos mejores en el área en que nos enseña; cuando encontramos realmente un maestro nos damos cuenta que no se trata de alguien perfecto, es alguien que realmente sabe reconocer sus zonas de sombra para poder transmitirnos esa libertad y esa soltura al avanzar en nosotros mismos. En la enseñanza del Zen un maestro permite sentir la unidad interior en los múltiples aspectos y facetas de la personalidad de cada uno.

Un verdadero maestro no pretende vender su método por encima de todos los demás por el contrario, se mantiene abierto a seguir aprendiendo y creciendo el mismo, no por poderte enseñar más, simplemente para poder seguir creciendo por si mismo.

Un verdadero maestro enseña tras una larga práctica personal, desde su propia experiencia, buscando despertar tu propia intuición y a tu propio maestro interior.

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