abril 14, 2021
¿Por qué cuando somos niños todo es más sencillo? La respuesta es simple: para los niños las cosas son... #SiempreCreeySe #DeUnoenUno #EmpezandoPorMi

Cuando somos niños es muy fácil imaginar nuestro destino, soñarnos siendo y haciendo las cosas que más nos gustan; jugamos a ser maestros, astronautas, inventores, luchadores o policías; soñamos de una manera tan real y vivimos la ilusión de convertirnos en eso y ¡es divertido! Es el juego más divertido de la niñez… pero en algún momento de la vida, al crecer, para la mayoría, todo cambia y nuestros pensamientos se vuelven de adultos y lo que cuando niños era algo tan real, se queda en tan solo “un juego de niños”.

Llegan las “obligaciones”, las “responsabilidades” de ser adulto y a lo que llamamos “tomarnos en serio la vida y nuestro futuro”.

Tal vez, tu eres de esos privilegiados que disfruta su trabajo cada día, de los que se siente satisfecho con sus resultados, pero la gran mayoría de los adultos, trabajan para sobrevivir y frases como “es lo que hay” o “la vida es dura” son parte de las conversaciones cotidianas que hacen del día a día una arrebatada lucha por conseguir un poco más que el vecino para sentir un poco menos sin-sentido la existencia.

¿Por qué cuando somos niños todo es más sencillo? La respuesta es simple: para los niños las cosas son como son y cada día es una nueva oportunidad de aprender o descubrir algo nuevo; y no te creas el cuento de que la vida de un niño es sencilla, por si eso estás pensando mientras me lees, ¡no! Para un niño, cada día es un reto; pasan de ser completamente dependientes para sobrevivir hasta hacerse cargos de ellos mismos; es una tarea titánica para su cerebro y para su cuerpo; para ellos todo es desconocido y su abanico de herramientas para sobrevivir es sumamente limitado; ellos solitos y dependiendo de la voluntad de un adulto van aprendiendo a prueba y error a sortear los peligros de la vida; ellos no se detienen a cuestionarse si pueden o no pueden aprender algo, simplemente lo hacen; un niño jamás piensa que no podrá caminar o que la vida es muy dura cuando ha intentado mantenerse de pie una y mil veces sin éxito alguno; un niño nunca se detiene mientras aprende a leer o a sumar, simplemente siente cansancio, siente desesperación (igual que los adultos por cierto) por “tener” que seguir intentando y ni qué decir de aprender a andar en bicicleta; brazos rotos, raspones, cadenas caídas y llantas ponchadas al por mayor son parte del aprendizaje.

Desirée Urby, licenciada en Administración de Empresas con especialidad en mercadotecnia por el Instituto Tecnológico de Chihuahua con 15 años de experiencia en Diseño e Impartición de Entrenamientos Presenciales para adolescentes, padres de familia y adultos, es Coach con PNL por Mauricio Benoist y es certificada en PNL por Axón Training, comenzó su carrera como Coach con la formación de Smart Instituto de Inteligencia Emocional de Zapopan, Jal. Trabajo y rediseño el programa para padres del colegio Palmore en Chihuahua, Chi., Creadora del sistema de formación de líderes CreeySe, del programa de Desarrollo Infantil Chiquilladas CreeySe y del programa CreeySe de Escuela para Padres y CoCreadora del sistema Juvenil Integrado: Inteligencia Emocional para Adolescentes exclusivo de CreeySe

Para un niño, esos golpes de la vida no son más que parte de aprender; la frustración que sienten en el momento que una vez más caen de la bicicleta o en el momento en que ven una calificación reprobatoria en su examen o la tristeza al recibir un “no” por respuesta a la petición de “Quieres ser mi novia?”  Son exactamente iguales a los sentimientos de un adulto que pierde el empleo, que no se siente competente en alguna labor o el que pierde una relación; la diferencia es que los niños no se cuestionan si hay opción de quedarse ahí, en ese sentimiento; no tienen la opción a decir “Ah, la vida es injusta” o “No hay manera de seguir” o peor aún “Yo no sirvo para esto”.

El niño vive la emoción en el momento, la siente, la vive y deja que se vaya; porque es lo natural; una vez que deja ir la emoción, continúa y lo hace con la certeza de que en algún momento lo va a lograr; que en algún momento podrá andar en bicicleta, aprenderá a leer, entenderá la materia o tendrá una novia, así de simple.

¿En qué momento aprendiste que tenía que ser diferente? ¿En qué momento entendiste que rendirse era una opción? Si el proceso de la vida es así, si todo implica un proceso de aprendizaje y solamente la práctica nos puede volver expertos; si a cada fallo existe la posibilidad del aprendizaje y esa es la clave.

¿Por qué, si para un niño lo natural es lograr algo y lo siguiente es lograr algo mejor, los adultos nos estancamos? ¿Por qué para un niño lo normal es sentirse enojado y discutir con un amigo y luego volver a jugar juntos? ¿Por qué lo natural es llorar si está triste y diez minutos después volver a reír a carcajadas con algo gracioso o con unas buenas cosquillas?

Si escarbamos un poco en nuestro pasado, en nuestra niñez y adolescencia, nos será fácil encontrar los momentos en que cambiamos esa niñez sencilla y  sin limitaciones por una vida de “adulto en eterno sufrimiento”. Y si hacemos ese análisis, encontraremos la gran cantidad de veces en que escuchamos que la vida es difícil o que los niños son tontos o no saben nada de la vida o que el dinero es malo o que solo unos cuantos pueden cumplir sus sueños; seguro encontraremos otro montón de expresiones que escuchamos infinidad de veces como “El amor apesta” o “Estudia una carrera de verdad o te vas a morir de hambre”.

Y ahí están, donde ni siquiera sabemos, en algún lugar de nuestro cerebro,  todas esas “Reglas de la vida” que los adultos hemos transmitido de generación en generación para poder justificar las propias frustraciones, de las cuales obviamente podemos culpar a los adultos que estuvieron encargados de nuestra educación o que fueron el único ejemplo que teníamos.

Pero, ¿Qué pasaría si te propusieras volver a ser como niño?; ¿Qué pasaría si volviera a ser lo natural equivocarse y volver a intentarlo hasta lograrlo?; ¿Qué tan diferente podría ser tu vida si actuaras, no por “lo que van a decir si me equivoco” sino por el “que van a decir si lo logro”?

Una pequeña pero profunda reflexión que espero te sea de utilidad; y como dicen por ahí: El único responsable de tu éxito o fracaso, eres tú…

Nunca dejes que la corriente te lleve si no es para dónde quieres ir; comienza a cambiar tu mundo y empieza por ti…

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