abril 13, 2021
Las capacidades y desarrollo de los niños hoy en día, está muy por encima de lo que vivimos sus predecesores; sin embargo, esta sobre estimulación nos llevó de corbata y nos metió en problemas como padres.
por Desirée Urby

Cuando hablamos de educación, entramos en un tema controversial, ya que, según los estudiosos de la sociedad y refiriéndonos específicamente a la generación de padres de hoy en día, hemos creado a los llamados “milenials” y a los “niños de cristal”. Les llaman así porque son una generación de chicos y chicas con una educación muy diferente a la que tuvimos los padres de hoy en día.

Desde mi punto de vista, somos la generación de la revolución en la educación; pero como toda revolución, estamos experimentando los “errores” en el camino a lograr un equilibrio entre la disciplina que nos inculcaron y la empatía y entendimiento de las emociones de los niños.

Ciertamente se ha convertido en una labor titánica ya que comenzamos a crear esta generación con “novedades” como la estimulación temprana; empezamos desde que el pequeño(a) estaba en el vientre y nos vimos envueltos en técnicas como la musicoterapia que la mayoría de los niños de hoy escuchó mientras daba pataditas dentro de mamá; luego, al nacer, a las abuelas les parecía increíble que sostuvieran la cabeza, siguieran con la vista un objeto y comenzaran a balbucear a muy temprana edad; ¡parecía que veíamos llegar una generación de genios!

Y si lo es, las capacidades y desarrollo de los niños hoy en día, está muy por encima de lo que vivimos sus predecesores; sin embargo, esta sobre estimulación nos llevó de corbata y nos metió en problemas como padres.

Quiero aclarar que no somos malos padres, al contrario, buscamos ese cambio que venía haciendo tanta  falta en la educación, un cambio que permitiera a los niños desarrollar al máximo sus capacidades y sobre todo, dimos un giro al aspecto emocional; le dimos importancia a lo que los niños sienten, les dimos la libertad de soñar y sentirse capaces de lograr lo que se proponen; les dimos el valor de respetarse a sí mismos y exigir respeto de los demás.

Aunque junto con estas libertades tuvimos nuestra “fugas”: relajamos tal vez demasiado la disciplina, tan importante en el desarrollo y estabilidad emocional de los niños, también flaqueamos un poco en los límites y permitimos el libertinaje en vez de la libertad y transmitimos el mensaje de “puedes lograr lo que quieras” olvidando agregar “haciendo lo necesario por ti mismo para lograrlo”.

Una generación de padres apasionados y entregados a sus hijos que nos hemos dado de golpes contra la pared en el intento de darles una educación más abierta y consiente a nuestros hijos. Después de varios años a prueba y error, después de descubrir a los jóvenes de hoy en día en muchos casos perdidos en la decisión de su futuro, después de leer libros como “Padres obedientes, hijos tiranos” que refleja este camino que hemos recorrido como padres de una nueva generación, podemos sentirnos orgullosos de haber sido los padres del cambio; de ser  quienes decidimos dar un paso más como sociedad para lograr la evolución.

Definitivamente queda mucho camino por recorrer aún, mucho que estudiar y mucho que entender del comportamiento humano; sin embargo, gracias a todos “nuestros errores”, esta nueva educación está evolucionando  y para bien, logramos atraer la mirada de los estudiosos de la mente humana para voltear a ver la importancia de las emociones de un niño, las condiciones que requiere para tener un aprendizaje optimo y sobre todo, la importancia de la participación de los padres de familia en el desarrollo de un niño.

Hoy sabemos que los golpes y castigos violentos lo único que hacen es infundir miedo en el niño; sin embargo, el ejemplo en las acciones de papá y mamá son la verdadera educación que damos; hoy hemos crecido como seres humanos, como padres y educadores; hoy estamos conscientes de que ser congruente es necesario para dejar un verdadero legado a nuestros hijos; hoy en día ha desaparecido la frase los niños no entienden, hoy más que nunca nos damos cuenta que es una aberración pensar que los niños no tienen capacidad; al contrario, ahora sabemos de la importancia de explicarles todo lo que sucede a su alrededor para evitar que crezcan con creencias equivocadas.

La importancia de hacerles saber lo valiosos y capaces que son, así como la conciencia de las dificultades y esfuerzo que cumplir un sueño conllevan.

Somos la generación del cambio, la generación que promete a las próximas generaciones una vida digna, consciente y plena en todos los sentidos.“Cambiar el mundo de uno por uno, empezando por mi”

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